jueves, 20 de noviembre de 2014

LAS ENFERMEDADES TRANSMITIDAS POR LOS ALIMENTOS (Parte 8)

Más de una vez Ud. habrá dicho: “Debe ser algo que comí”, “Algo me cayó mal” ó “Me dio un ataque de hígado”, luego de haber estado con diarreas, vómitos, dolor de cabeza ó cólicos. Lo más probable es que sí; algo le cayó mal, y no precisamente lo que comió, sino, lo que no vio al ingerir ese alimento, ya que éste tenía el aspecto de estar sano, pero...no fue así.- Lo que usted sufrió es una Enfermedad Transmitida por Alimentos (ETA)


GENERO PROTOZOOS




El reino Protista y el subreino Protozoa, agrupan los organismos unicelulares que siempre hemos denominado protozoos o protozoarios, unos de vida libre y otros parásitos de animales y plantas. Son microscópicos y se localizan en diferentes tejidos. Algunos son inofensivos, otros producen daños importantes que trastornan las funciones vitales con producción de enfermedad y en ciertos casos la muerte del huésped.

 

La mayoría de los protozoos son móviles en una etapa de su desarrollo, lo que se conoce con el nombre de forma vegetativa o trofozoíto. Algunos de éstos tienen la capacidad de transformarse en una forma de resistencia, conocida como quiste. Los trofozoítos constan de membrana, citoplasma y núcleo. La membrana varía de espesor según las especies y sus principales funciones son: limitar el parásito, servir como elemento protector y permitir el intercambio de sustancias alimenticias y de excreción. El citoplasma es una masa coloidal y representa el cuerpo del organismo, en algunas especies se puede diferenciar claramente una parte interna, granulosa y vacuolada llamada endoplasma y otra externa, hialina, refringente que es el ectoplasma.




En algunos protozoos existen vacuolas en el citoplasma, unas son alimenticias encargadas del metabolismo de los nutrientes y otras excretoras que facilitan la eliminación de sustancias. También se encuentran mitocondrias y sustancias nutritivas de reserva que reciben el nombre de cuerpos cromatoidales. El núcleo es esférico u ovoide, se encuentra localizado en cualquier parte del citoplasma. En general consta de membrana, granulos de cromatina y cariosoma o nucléolo, casi siempre es único y sus funciones principales son las de regular la síntesis proteica y la reproducción.


En los seres unicelulares existen ciertas partes de la célula llamadas organelas, que se especializan en llevar a cabo funciones vitales como alimentación, respiración, reproducción y locomoción.  La alimentación se realiza mediante diferentes mecanismos. El más simple es la osmosis, que consiste en el intercambio de sustancias orgánicas disueltas en el medio donde viven, a través de su membrana. Otro procedimiento es la fagocitosis, que se realiza por medio de prolongaciones de su ectoplasma o seudópodos, las cuales engloban las partículas alimenticias hasta incorporarlas al citoplasma. Un tercer mecanismo se observa en ciertos protozoos que utilizan sus cilias o flagelos para acercar los nutrientes a una boca o citostoma por donde penetran a la célula.



El metabolismo se lleva a cabo en las vacuolas donde se producen enzimas digestivas. Los residuos de este metabolismo se eliminan a través de la membrana celular, en algunas especies se hace por un orificio excretor llamado citppigio, en otras sólo se liberan los residuos cuando sucede la ruptura de la célula, como es el caso de la liberación del pigmento malárico, en los protozoos del género Plasmodium.



La respiración en algunos protozoos es aerobia y en otros anaerobia. En la primera toman el oxígeno de su medio ambiente y expulsan el dióxido de carbono a través de la membrana celular. En la segunda necesitan metabolizar ciertas sustancias de las cuales obtienen el oxígeno.  Los protozoarios se multiplican por reproducción asexual y sólo algunos tienen reproducción sexual. La asexual tiene dos modalidades. a) División binaria. Consiste en la división longitudinal o transversal de las formas vegetativas, de la cual resultan dos nuevos seres iguales al primero. Este tipo de división puede ser mitósica o amitósica. b) División múltiple. Ocurre cuando una célula da origen a varias formas vegetativas. Se llama esquizogonia cuando el núcleo del trofozoíto se divide varias veces para dar origen a una célula multinucleada; posteriormente cada nuevo núcleo se rodea de una porción del cito plasma de la, célula madre y luego se separa en organismos independientes.



En algunos protozoos existe una reproducción similar pero a partir de quistes multinucleados. El número de nuevos organismos que se originan en la reproducción múltiple depende de cada especie. La reproducción sexual existe en ciertos protozoos como Plasmodium. Las formas trofozoíticas no dividen su núcleo, sino que sufren una serie de diferenciaciones morfológicas, transformándose en células masculinas o femeninas llamadas gametocitos, que maduran sexualmente y constituyen los gametos, los cuales se unen y forman el zigote que da origen a numerosos organismos. Existe otro tipo de reproducción sexual menos frecuente en los protozoos del hombre, denominada conjugación, como ocurre en Balantidium consistente en la unión de dos células, entre las cuales se forma un puente citoplasmático por donde intercambian material genético, después de lo cual se separan y cada una sigue su proceso de división binaria.



Los protozoos presentan mecanismos diversos de locomoción, función que se tiene en cuenta como uno de los parámetros para su clasificación. Un grupo se moviliza por la formación de seudópodos que ejercen tracción sobre el citoplasma. Por aparición sucesiva de éstos se produce el desplazamiento del parásito. Los protozoos que se movilizan por este mecanismo se les clasifica en la clase Rhizopodea.



Otros presentan varios filamentos móviles o flagelos que se mueven a manera de látigo, produciendo desplazamiento de la célula y se agrupan en la clase Zoomastigophorea. Los que tienen su cuerpo cubierto de cilias o pestañas vibrátiles que se mueven sincrónicamente y producen la traslación del organismo, se clasifican en el filum Ciliophora. Un grupo carece de órganos de locomoción en casi todas sus etapas de desarrollo, como ocurre en la clase Sporozoea.






Amebiasis, Amibiosis o Amebosis (cie-10 a06)




La infección por Entamoeba histolytica se estima que afecta al 10 % de la población mundial con mayor impacto en los países tropicales. Es un parásito unicelular con una forma vegetativa o trofozoíto (móvil, lábil, no infectante) y quistes (forma de resistencia e infectante). Tiene distribución universal con predominio en las regiones templadas, subtropicales y tropicales. Las áreas de alta endemicidad en la sub región latinoamericana son América Central y el norte de América del Sur. Es de reservorio humano exclusivo. 

El riesgo de exposición es inversamente proporcional al nivel socioeconómico cultural. Entamoeba histolytica, especie parásita del hombre, que puede vivir como comensal en el intestino grueso, invadir la mucosa intestinal produciendo ulceraciones y tener localizaciones extraintestinales. A pesar de que el término técnico para designar esta parasitosis es entamoebosis, emplearemos, como excepción, el término amebiasis, por su amplio uso.




Koch en 1883, revisando autopsias en una epidemia de cólera, demostró las amebas en la submucosa de la pared intestinal, en los capilares cercanos a la pared de abscesos hepáticos y en el exudado de lesiones del hígado. Los hallazgos de Koch fueron confirmados totalmente por Kartulis (1885-1887), al demostrar la presencia de amebas en 150 autopsias de casos de disentería. A este autor se le considera el primero en afirmar que la ameba era el agente etiológico de la disentería tropical y que el absceso del hígado era una secuela de la disentería amebiana. Posteriormente se adoptó el nombre genérico Entamoeba, que había sido propuesto desde el siglo pasado.

Alrededor del 10 % de los infectados (50-100 millones) presenta manifestaciones clínicas y de éstos la décima parte cursa con localización extraintestinal. La enfermedad es infrecuente en menores de 5 años y especialmente en menores de 2 años. La forma invasora afecta más a los adultos jóvenes y los abscesos hepáticos tienen mayor frecuencia en el género masculino. La amibiasis fulminante puede observarse en menores de 2 años, gestantes, desnutridos graves e inmucocomprometidos. Es causa de aproximadamente 100.000 muertes/año. Un estudio seroepidemiológico de prevalencia por técnica IHA realizado en México demostró un 8,4 % de positividad con el pico (11 %) en el grupo de 5-9 años. Los quistes se eliminan durante períodos variables por las heces. El agua y los alimentos constituyen el principal mecanismo de transmisión.



Los quistes que se ingieren con el agua o alimentos contaminados son estimulados por el ácido clorhídrico del estómago y liberan en el intestino delgado los trofozoítos. La multiplicación es por fisión binaria en el intestino delgado y alcanzan el colon donde se adhieren y destruyen a las células epiteliales, hematíes, linfocitos y monocitos. Producen ulceraciones en la mucosa, viven como comensales y pueden alcanzar la circulación lo que resulta en las localizaciones extraintestinales.



En la luz del intestino los trofozoítos eliminan las vacuolas alimenticias y demás inclusiones intracitoplasmáticas, se inmovilizan y forman prequistes; éstos adquieren una cubierta y dan origen a quistes inmaduros con un núcleo, los cuales continúan su desarrollo hasta los típicos quistes tetranucleados. La formación de quistes sucede exclusivamente en la luz del colon y nunca en el medio ambiente o en los tejidos. En las materias fecales humanas se pueden encontrar trofozoítos, prequistes y quistes; sin embargo, los dos primeros mueren por acción de los agentes físicos externos y en caso de ser ingeridos son destruidos por el jugo gástrico; solamente el quiste es infectante por vía oral. 



En el medio externo los quistes permanecen viables en condiciones apropiadas durante semanas o meses y son diseminados por agua, manos, artrópodos, alimentos y objetos contaminados. Finalmente los quistes llegan a la boca para iniciar la infección; una vez ingeridos sufren la acción de los jugos digestivos, los cuales debilitan su pared y en el intestino delgado se rompen y dan origen a trofozoítos, que conservan el mismo número de núcleos de los quistes; en posterior evolución cada núcleo se divide en dos y resulta un segundo trofozoíto metacíclico, con 8 núcleos. En la luz del colon cada núcleo se rodea de una porción de citoplasma y resultan 8 trofozoítos pequeños que crecen y se multiplican por división binaria.


El período prepatente varía entre 48 horas y 4 meses. El período de incubación oscila de 7 a 10 días. El período de estado varía desde la infección asintomática a la enfermedad invasiva de localización intestinal: disentería, apendicitis, colitis, megacolon tóxico, perforación con peritonitis, colitis no disentérica crónica, amebotas, y con localización extraintestinal: abscesos hepático, pulmonar, empiema pleural, absceso cerebral. La forma más frecuente de presentación que es la disentería amibiana tiene un comienzo subagudo caracterizado por diarrea mucosanguinolenta, dolor cólico abdominal, flatulencia, pujo y tenesmo, pérdida de peso. La fiebre se observa en el 30 % de los casos. La diarrea se prolonga por 1-4 semanas.


Únicamente del 10 al 25% de las personas que presentan E. histolytica en el colon son sintomáticas. El resto se consideran portadoras sanas. No todos los que tengan la especie patógena presentan enfermedad, pues ésta depende de la interacción entre la virulencia del parásito y las defensas del hospedador.  Se afirma que una disentería es amebiana cuando se observan en el examen en fresco trofozoítos con hematíes en su interior. El estudio de anticuerpos específicos IHA, ELISA, ID es útil en la enfermedad extraintestinal cuando el parásito no se detecta en heces. los analisis en alimentos y otras muestras llevarán a la investigación de quistes y trofozoítos.



El metronidazol es la droga de elección para el tratamiento de la disentería amebiana y otras formas invasivas, en dosis de 500 mg cada 8 horas en los adultos y de 35-50 mg/kg/día, fraccionado cada 6-8 horas en los niños, durante 7-10 días. También puede utilizarse el tinidazol en dosis de 2 g/día en los adultos y 50 mg/kg/día en los niños en una toma diaria durante 3-6 días. Los nitroimidazólicos no son efectivos para tratar quistes, por lo tanto pueden emplearse como complementarios el yodoquinol o el furoato de diloxanida o la paramomicina que tienen acción intraluminal.



Las medidas de prevención y control, son pilares fundamentales:
  • El saneamiento básico (provisión de agua segura y eliminación sanitaria de excretas)
  • La educación para la salud (hábitos higiénicos, manejo higiénico de los alimentos).
  • La cloración no destruye los quistes, el agua no potable debe alcanzar temperatura de ebullición durante un minuto. También pueden utilizarse para pequeñas cantidades, 8 gotas de tintura de yodo al 2 % ó 12, 5 ml de una solución saturada de cristales de yodo por litro de agua y dejar actuar durante 10 minutos o 30 minutos si el agua está fría, antes de su consumo.
  • Tratamiento de los portadores identificados.




"SOMOS LO QUE HACEMOS REPETIDAMENTE. EXCELENCIA, POR LO TANTO, NO ES UN ACTO SINO UN HABITO" - ARISTOTELES