GUÍA PRACTICA DEL LABORATORIO MICROBIOLOGICO DE AGUAS Y ALIMENTOS (PARTE 1)
Conceptos sobre Microbiología
La
Microbiología, el estudio de los organismos microscópicos, deriva de 3 palabras
griegas: mikros (pequeño), bios (vida) y logos (ciencia) que conjuntamente
significan el estudio de la vida microscópica. Para mucha gente la palabra
microorganismo le trae a la mente un grupo de pequeñas criaturas que no se
encuadran en ninguna de las categorías de la pregunta clásica: ¿es animal,
vegetal o mineral? Los microorganismos son diminutos seres vivos que
individualmente son demasiado pequeños como para verlos a simple vista. En este
grupo se incluyen las bacterias, hongos (levaduras y hongos filamentosos),
virus, protozoos y algas microscópicas.
Normalmente tendemos a asociar
estos pequeños organismos con infecciones, enfermedades como el SIDA, o el
deterioro de los alimentos. Sin embargo, la mayoría de los microorganismos
contribuyen de una forma crucial en el bienestar de la Tierra ayudando a mantener
el equilibrio de los organismos vivos y productos químicos en nuestro medio ambiente: Los microorganismos de
agua dulce y salada son la base de la cadena alimentaria en océanos, lagos y
ríos; los microorganismos del suelo destruyen los productos de desecho e
incorporan el gas nitrógeno del aire en compuestos orgánicos, así como reciclan
los productos químicos en el suelo, agua y aire; ciertas bacterias y algas
juegan un papel importante en la fotosíntesis, que es un proceso que genera
nutrientes y oxígeno a partir de luz solar y CO2 siendo un proceso crítico para
el mantenimiento de la vida sobre la Tierra; los hombres y algunos animales
dependen de las bacterias que habitan en sus intestinos para realizar la
digestión y síntesis de algunas vitaminas como son la K y algunas del complejo
B.
Los microorganismos también
tienen aplicaciones industriales
ya que se utilizan en la síntesis de productos químicos como son acetona,
ácidos orgánicos, enzimas, alcohol y muchos medicamentos. El proceso de
producción de acetona y butanol por bacterias fue descubierto en 1914 por Chaim
Weizmann, un polaco que trabajaba en Inglaterra para Winston Churchill. Cuando
estalló la primera guerra mundial en agosto de ese año, la producción de
acetona era esencial en el proceso de fabricación de las municiones, por lo que
el descubrimiento de Weizmann jugó un papel determinante en el desarrollo de la
guerra. La industria alimentaria también usa microorganismos en la producción
de vinagre, bebidas alcohólicas, aceitunas, mantequilla, queso, yogurt y pan.
Además, las bacterias y otros microorganismos ahora pueden ser manipulados para
producir sustancias que ellos normalmente no sintetizan.
A través de esta técnica, llamada
ingeniería genética, las
bacterias pueden producir importantes sustancias terapéuticas como insulina,
hormona de crecimiento humana e interferón. Actualmente sabemos que los
microorganismos se encuentran en todas partes; pero hace poco, antes de la
invención del microscopio, los microorganismos eran desconocidos para los
científicos. Miles de personas morían en las epidemias cuyas causas no se
conocían. El deterioro de los alimentos no se podía controlar siempre y muchas
familias enteras morían debido a que no existían vacunas y antibióticos disponibles para combatir las infecciones.
Ya en 1546 Girolano Fracastoro
había sugerido que las enfermedades podían deberse a organismos tan pequeños
que no podían verse y que eran transmitidos de una persona a otra. Sin embargo,
el descubrimiento de que las bacterias pueden actuar como agentes específicos
de las enfermedades infecciosas en los animales fue realizado a través del
estudio del carbunco, infección grave de los animales domésticos que es
transmisible al hombre. La demostración concluyente de la causa bacteriana o
etiología del carbunco la proporcionó en 1876 Roberto Koch, un médico rural
alemán. Koch empezó a estudiar el mundo microbiano después de que su mujer le
regalara por su 28 cumpleaños un microscopio. Seis años después Koch anunció al
mundo que había encontrado la bacteria del carbunco (Bacillus anthracis).
Posteriormente él y sus colaboradores descubrieron las bacterias que causan la
tuberculosis y el cólera.
Esta serie de experimentos se
ajustaban a los criterios necesarios para poder establecer la relación causal
entre un organismo específico y una enfermedad específica. Estos criterios se
conocen como los postulados de Koch:
1. El
microorganismo debe estar presente en todos los casos de la enfermedad.
2.
El microorganismo debe ser aislado del hospedador enfermo y obtenerse en
cultivo puro en el laboratorio.
3.
La enfermedad específica debe reproducirse cuando un cultivo puro del
microorganismo se inocula a un hospedador susceptible sano.
4. El
microorganismo debe ser recuperable de nuevo a partir del hospedador inyectado
experimentalmente.
Louis Pasteur fue un
químico y biólogo francés que fundó la ciencia de la microbiología. Comenzó
investigando los procesos de fermentación del vino y la cerveza y descubrió la
existencia de las bacterias que interferían en este proceso. Aplicó sus
conclusiones al estudio de la causa y el desarrollo de las enfermedades y
demostró la teoría de los gérmenes como causantes de las mismas. También
desarrolló vacunas que consiguieron salvar miles de vidas. Pasteur
observó que en la fabricación de la cerveza y el vino, a veces los dos líquidos
resultaban buenos y otras agrios. Decidió estudiar el proceso con el microscopio
y descubrió que cuando la fermentación era normal participaban las pequeñas
células de la levadura. En cambio, cuando resultaban agrios era porque en el
proceso participaban organismos como las bacterias.
A finales del siglo XIX y
comienzos del XX, diversos microbiólogos como el ruso Serguei Winogradsky,
considerado el fundador de la ecología microbiana moderna, emprendieron las
investigaciones sobre el metabolismo de las bacterias (estudios iniciados por
Pasteur). Winogradsky estableció que las bacterias funcionan según dos modelos:
la aerobiosis, que se basa en el consumo de oxígeno; y la anaerobiosis, que
permite a las bacterias vivir en un ambiente desprovisto por completo de
oxígeno. Winogradsky descubrió las bacterias quimiosintéticas, puso de manifiesto
la participación de los microorganismos en el ciclo de la urea y fue uno de los
primeros en estudiar las bacterias simbióticas.
El estudio de los virus se
desarrolló especialmente en el primer tercio del siglo XX. En efecto, a pesar
de que en el año 1905 varios microbiólogos habían demostrado que las
enfermedades víricas conocidas se debían a agentes patógenos minúsculos y no a
las toxinas, los virus siguieron siendo invisibles; y su naturaleza,
desconocida, hasta la década de 1930. En 1935 el bioquímico
estadounidense Wendell Stanley logró aislar y cristalizar un virus: el del
mosaico del tabaco. En 1938 se observaron por primera
vez los virus gracias a la invención del microscopio electrónico. Después, en
las décadas de 1960 y 1970 se descubrieron numerosos virus y se determinaron
sus características físicas y químicas.
Posteriormente, las
investigaciones microbiológicas se sirvieron de diversas técnicas innovadoras,
como el microscopio electrónico de barrido o las técnicas de secuenciación del
ácido desoxirribonucleico (ADN). Gracias a todos estos avances, los
microorganismos se clasificaron en función de su estructura molecular,
incluyéndolos en tres reinos. De este modo, las bacterias forman el conjunto de
los procariotas, es decir, organismos en los que el material genético, en forma
de ADN, se encuentra libre en el citoplasma y no incluido en un núcleo:
pertenecen al reino Móneras. Los restantes organismos unicelulares se
clasifican como eucariotas (en los que el genoma está incluido en el núcleo
celular). Entre estos eucariotas unicelulares se distinguen los que pertenecen
al reino Protistas (grupo que engloba a los protozoos y algas unicelulares) y
los que pertenecen al reino Hongos (las levaduras). Los virus constituyen un
mundo aparte, ya que no pueden reproducirse por sí mismos, sino que necesitan
parasitar una célula viva para completar su ciclo vital. Por último, el descubrimiento de
los priones por Stanley Prusiner y su equipo en 1982 ha abierto una vía de
estudio dentro de la microbiología. Los priones, simples proteínas desprovistas
de material genético, suscitan numerosos interrogantes sobre su funcionamiento
y modo de transmisión.
Un método fundamental para
estudiar las bacterias es cultivarlas en un medio líquido o en la superficie de
un medio sólido de agar. Los medios de cultivo contienen distintos nutrientes
que van, desde azúcares simples hasta sustancias complejas como la sangre o el
extracto de caldo de carne.
Para aislar o purificar una
especie bacteriana a partir de una muestra formada por muchos tipos de
bacterias, se siembra en un medio de cultivo sólido donde las células que se
multiplican no cambian de localización; tras muchos ciclos reproductivos, cada
bacteria individual genera por escisión binaria una colonia macroscópica
compuesta por decenas de millones de células similares a la original. Si esta
colonia individual se siembra a su vez en un nuevo medio crecerá como cultivo
puro de un solo tipo de bacteria. Muchas especies bacterianas son
tan parecidas morfológicamente que es imposible diferenciarlas sólo con el uso
del microscopio; en este caso, para identificar cada tipo de bacteria, se
estudian sus características bioquímicas sembrándolas en medios de cultivo
especiales. Así, algunos medios contienen un
producto que inhibe el crecimiento de la mayoría de las especies bacterianas,
pero no la de un tipo que deseamos averiguar si está presente. Otras veces el
medio de cultivo contiene determinados azúcares especiales que sólo pueden
utilizar algunas bacterias. En algunos medios se añaden indicadores de pH que
cambian de color cuando uno de los nutrientes del medio es fermentado y se
generan catabolitos ácidos. Si las bacterias son capaces de producir
fermentación, generan gases que pueden ser apreciados cuando el cultivo se
realiza en un tubo cerrado.
Con otros medios de cultivo se
identifica si las bacterias producen determinadas enzimas que digieren los
nutrientes: así, algunas bacterias con enzimas hemolíticas (capaces de romper
los glóbulos rojos) producen hemólisis y cambios apreciables macroscópicamente
en las placas de agar-sangre. Los diferentes medios y técnicas
de cultivo son esenciales en el laboratorio de microbiología de un hospital,
pues sirven para identificar las bacterias causantes de las enfermedades
infecciosas y los antibióticos a los que son sensibles esas bacterias.
La
esterilización es un proceso esencial en el cual se deben utilizar todos los
instrumentos quirúrgicos, implantes y muchos otros dispositivos absolutamente
esterilizados. La desecación y la congelación eliminan muchas especies de
bacterias, pero otras simplemente permanecen en estado vegetativo. El calor
seco o húmedo elimina todas las bacterias combinando adecuadamente factores
como la temperatura a la que se someten y el tiempo de exposición. Se puede
esterilizar por calor seco en estufas a más de 160 °C durante media hora, o por
calor húmedo en autoclaves a 120 °C durante 20 minutos y a presión superior a
la atmosférica. La ebullición a 100 °C no elimina todos los gérmenes patógenos
(entre los que no sólo están incluidos las bacterias sino también virus y
levaduras). Otro medio habitual de esterilización, utilizado para objetos no
resistentes al calor, son los medios químicos: el ácido fénico, iniciador de la
era de la antisepsia (véase Fenol), el ácido cianhídrico, el óxido de etileno,
la clorhexidina, los derivados mercuriales, los derivados del yodo
(especialmente la povidona yodada) y muchas otras sustancias. El alcohol
etílico no produce esterilización completa. Otro medio de esterilización actual
son las radiaciones ionizantes (beta, gamma).

La Pasteurización es un proceso
de calentamiento de un líquido, en particular de la leche, hasta una
temperatura que oscila entre 55 y 70 °C para destruir las bacterias
perjudiciales, sin producir cambios materiales en la composición, en el sabor,
o en el valor nutritivo del líquido. El proceso se llama así en honor
del químico francés Louis Pasteur, quien lo ideó en 1865 con el fin de inhibir
la fermentación del vino y de la leche. La leche se pasteuriza al calentarla a
63 °C durante 30 minutos, luego se enfría con rapidez, y se envasa a una
temperatura de 10 °C. La cerveza y el vino se pasteurizan al ser calentados a
unos 60° C durante unos 20 minutos; también se hace, según un método más
reciente, calentando a 70° C durante 30 segundos y envasando en condiciones
estériles. Los desinfectantes son una arma
clave para protegernos de los
microorganismos ya que estos se encuentran en casi todas partes por eso los
desinfectantes van destruyendo los microorganismos o impidiendo su desarrollo y
asimismo protegen el área donde actúan durante un lapso de tiempo. Basado en
los hallazgos del fisiólogo alemán Theodor Schwann y del bioquímico francés
Louis Pasteur, Lister desinfectaba las heridas quirúrgicas y accidentales con
una solución de ácido carbólico, y en cinco años redujo la tasa de mortalidad
de las amputaciones importantes de un 45 por ciento a un 12 por ciento. Los desinfectantes cumplen un
papel muy importante en el campo de la salud ya que si no fuera por estos por
una simple herida podrían amputar cualquiera
de nuestros miembros.
Los antisépticos, son agentes
físicos o químicos que evitan la putrefacción, infección o cambios similares,
de los alimentos y tejidos vivos, destruyendo los microorganismos o impidiendo
su desarrollo. Desde la antigüedad los alimentos
se han conservado gracias al empleo de agentes antisépticos como el calor
durante la cocción, la sal y el vinagre en la salazón y adobo, y el humo de la
madera (que contiene creosota, un compuesto similar al ácido carbólico) en el
ahumado de las carnes. En la actualidad, los principales agentes antisépticos
en la conservación de los alimentos son el calor y el frío utilizados en
procesos como el enlatado, la pasteurización y la refrigeración. La irradiación
es otro medio de conservación de los alimentos.
a. CLASIFICACIÓN DE LOS MICROORGANISMOS
1)
VIRUS
Los virus son entidades
no celulares de muy pequeño tamaño (normalmente inferior al del más pequeño
procariota), por lo que debe de recurrirse al microscopio electrónico para su
visualización. Son agentes infectivos de
naturaleza obligadamente parasitaria intracelular, que necesitan su
incorporación al protoplasma vivo para que su material genético sea replicado
por medio de su asociación más o menos completa con las actividades celulares
normales, y que pueden transmitirse de una célula a otra. Cada tipo de virus consta de una
sola clase de ácido nucleico (ADN o ARN, nunca ambos), con capacidad para
codificar varias proteínas, algunas de las cuales pueden tener funciones
enzimáticas, mientras que otras son estructurales, disponiéndose éstas en cada
partícula viral alrededor del material genético formando una estructura regular
(cápsida); en algunos virus existe, además, una envuelta externa de tipo
membranoso, derivada en parte de la célula en la que se desarrolló el virión
(bicapa lipídica procedente de membranas celulares) y en parte de origen viral
(proteínas).
Todos los bacteriófagos (virus
que parasitan bacterias) tienen un ciclo lítico, o infeccioso, en el que
el virus, incapaz de replicarse por sí mismo, inyecta su material genético
dentro de una bacteria. Utilizando las enzimas y los
mecanismos de síntesis de proteínas del huésped, el virus puede reproducirse y
volverse a encapsular, fabricando unas 100 nuevas copias antes de que la
bacteria se destruya y estalle. Algunos bacteriófagos, sin embargo, se
comportan de diferente forma cuando infectan a una bacteria. El material genético que inyectan
se integra dentro del ADN del huésped; se replica de manera pasiva con éste, y
lo hereda la progenie bacteriana. En una de cada 100.000 de estas células lisogénicas,
el ADN viral se activa de forma espontánea y comienza un nuevo ciclo lítico. Los virus, al carecer de las
enzimas y precursores metabólicos necesarios para su propia replicación, tienen
que obtenerlos de la célula huésped que infectan. La replicación viral es un
proceso que incluye varias síntesis separadas y el ensamblaje posterior de
todos los componentes, para dar origen a nuevas partículas infecciosas. La
replicación se inicia cuando el virus entra en la célula: las enzimas celulares
eliminan la cubierta y el ADN o ARN viral se pone en contacto con los ribosomas,
dirigiendo la síntesis de proteínas. El ácido nucleico del virus se autoduplica
y, una vez que se sintetizan las subunidades proteicas que constituyen la
cápsida, los componentes se ensamblan dando lugar a nuevos virus. Una única
partícula viral puede originar una progenie de miles. Determinados virus se
liberan destruyendo la célula infectada, y otros, sin embargo, salen de la
célula sin destruirla por un proceso de exocitosis que aprovecha las propias
membranas celulares. En algunos casos las infecciones son “silenciosas”, es
decir, los virus se replican en el interior de la célula sin causar daño
evidente.
Pueden clasificarse en tres
grandes grupos, atendiendo al tipo de organismos que afectan: fitófagos, cuando atacan a las plantas,
las que determinan multitud de enfermedades: zoófagos, cuando atacan a los animales, distinguiéndose entre estos
los dermatropos, que afectan a la
piel (viruela, herpes, sarampión), neumotropos,
que afectan a las vías respiratorias (gripe, neumonitis), viscerotropos, que atacan a diversas
vísceras (hepatitis víricas, etc.), etc. y los bacteriófagos, cuando atacan a los cultivos bacterianos, esta
última categoría reviste gran interés, ya que ha permitido llevar a cabo una
serie de experimentos que han conducido a dilucidar algunas de las muchas
incógnitas en el campo de la genética molecular.
2)
BACTERIAS
Una bacteria simplificada está formada por
tres capas externas que envuelven las estructuras internas; la capa pegajosa
protege la pared celular rígida, que a su vez cubre la membrana celular
semipermeable. El flagelo es un medio de locomoción y los pelos que se
extienden por fuera de la cápsula ayudan a la bacteria a sujetarse a las
superficies. El material genético está
contenido en el ADN que forma el nucleoide. Los ribosomas que flotan en el
citoplasma intervienen en la síntesis de proteínas. El material genético de la célula
bacteriana está formado por una hebra doble de ADN circular. Muchas bacterias
poseen también pequeñas moléculas de ADN circulares llamados plásmidos, que
llevan información genética, pero, la mayoría de las veces, no resultan
esenciales en la reproducción. Muchos de estos plásmidos pueden transferirse de
una bacteria a otra mediante un mecanismo de intercambio genético denominado
conjugación.
Otros mecanismos por los cuales
la bacteria puede intercambiar información genética son la transducción, en la
que se transfiere ADN por virus bacterianos (Bacteriófagos), y la
transformación, en la que el ADN pasa al interior de la célula bacteriana directamente
desde el medio. Las células bacterianas se dividen por fisión; el material
genético se duplica y la bacteria se alarga, se estrecha por la mitad y tiene
lugar la división completa formándose dos células hijas idénticas a la célula
madre. Así, al igual que ocurre en los organismos superiores, una especie de
bacteria origina al reproducirse sólo células de la misma especie. Algunas bacterias se dividen cada
cierto tiempo (entre 20 y 40 minutos). En condiciones favorables, si se dividen
una vez cada 30 minutos, transcurridas 15 horas, una sola célula habrá dado
lugar a unos mil millones de descendientes. Estas agrupaciones, llamadas
colonias, son observables a simple vista. En condiciones adversas, algunas
bacterias pueden formar esporas, que son formas en estado latente de la célula
que permiten a ésta resistir las condiciones extremas de temperatura y humedad.
La clasificación taxonómica más
utilizada divide a las bacterias en cuatro grandes grupos según las
características de la pared celular. La división Gracilicutes incluye a las
bacterias con pared celular delgada del tipo Gram negativas; las bacterias de
la división Firmicutes tienen paredes celulares gruesas del tipo Gram
positivas; las de la Tenericutes carecen de pared celular y las de la cuarta
división Mendosicutes tienen paredes celulares poco comunes, formadas por
materiales distintos a los típicos peptidoglucanos bacterianos. Entre las
Mendosicutes se encuentran las Arquebacterias, un grupo de organismos poco
comunes, que incluyen a las bacterias metanogénicas, anaerobias estrictas, que
producen metano a partir de dióxido de carbono e hidrógeno; las halobacterias,
que necesitan para su crecimiento concentraciones elevadas de sal, y las
termoacidófilas, que necesitan azufre y son muy termófilas.
Se ha discutido sobre la
conveniencia de que las Arquebacterias se incluyeran en un reino aparte, ya que
estudios bioquímicos recientes han mostrado que son tan diferentes de las otras
bacterias como de los organismos eucariotas (con núcleo diferenciado englobado
en una membrana). Estos cuatro grandes grupos de bacterias se subdividen además
en unas 30 secciones numeradas, alguna de las cuales se dividen a su vez en
órdenes, familias y géneros.
3)
HONGOS
La mayoría de los hongos están constituidos por finas
fibras que contienen protoplasma, llamadas hifas. Éstas a menudo están
divididas por tabiques llamados septos. En cada hifa hay uno o dos
núcleos y el protoplasma se mueve a través de un diminuto poro que ostenta el
centro de cada septo. No obstante, hay un filo de hongos, que se asemejan a
algas, cuyas hifas generalmente no tienen septos y los numerosos núcleos están
esparcidos por todo el protoplasma. Las hifas crecen por alargamiento de las
puntas y también por ramificación. La proliferación
de hifas, resultante de este crecimiento, se llama micelio. Cuando el micelio
se desarrolla puede llegar a formar grandes cuerpos fructíferos, tales como las
setas. Otros tipos de enormes estructuras de hifas permiten a algunos hongos
sobrevivir en condiciones difíciles o ampliar sus fuentes nutricionales. Las
fibras, a modo de cuerdas, del micelio de la armilaria color de miel
(Armillaria mellea), facilitan la propagación de esta especie de un árbol a
otro. Ciertos hongos forman masas de
micelio resistentes, con forma más o menos esférica, llamadas esclerocios.
Éstos pueden ser pequeños como granos de arena, o grandes como melones.
La mayoría de los hongos se
reproducen por esporas, diminutas partículas de protoplasma rodeado de pared
celular. El champiñón silvestre puede formar doce mil millones de esporas en su
cuerpo fructífero; así mismo, el pedo o cuesco de lobo gigante puede producir
varios billones. Las esporas se forman de dos
maneras. En el primer proceso, las esporas se originan después de la unión de
dos o más núcleos, lo que ocurre dentro de una o de varias células
especializadas. Estas esporas, que tienen
características diferentes, heredadas de las distintas combinaciones de genes
de sus progenitores, suelen germinar en el interior de las hifas. Los cuatro
tipos de esporas que se producen de esta manera (oosporas, zigosporas,
ascosporas y basidiosporas) definen los cuatro grupos principales de hongos. Las oosporas se forman por la
unión de una célula macho y otra hembra; las zigosporas se forman al combinarse
dos células sexuales similares entre sí.
Las ascosporas, que suelen
disponerse en grupos de ocho unidades, están contenidas en unas bolsas llamadas
ascas. Las basidiosporas, por su parte, se reúnen en conjuntos de cuatro
unidades, dentro de unas estructuras con forma de maza llamadas basidios. A pesar de que en muchos textos
se emplean sistemas de clasificación relativamente complicados, los micólogos
utilizan por lo común un sistema sencillo, que tiene la ventaja de ser cómodo
de usar. Según este sistema, los cuatro filos principales son: Oomicetes,
Zigomicetes, Ascomicetes y Basidiomicetes y sus respectivos individuos forman
oosporas, zigosporas, ascosporas y basidiosporas. Una gran variedad de especies
se colocan, de forma arbitraria, en un quinto filo: Deuteromicetes, también
llamados hongos imperfectos.
Se incluyen en este grupo
aquellos hongos en los que sólo se conocen procesos de multiplicación
vegetativa. Sin embargo, la mayoría de esas especies están emparentadas con los
ascomicetes.
4)
PROTOZOOS
Los protozoos se incluyen en el reino Protistas, junto con otros
organismos unicelulares cuyo núcleo celular está rodeado de una membrana. Los
protozoos no tienen estructuras internas especializadas a modo de órganos o, si
las tienen, están muy poco diferenciadas. Entre los protozoos se suelen admitir
varios grupos: los flagelados del grupo de los Zoomastiginos, con muchas
especies que viven como parásitos de plantas y de animales; los ameboides del
grupo Sarcodinos, que incluyen a los Foraminíferos y Radiolarios, y que son
componentes importantes del plancton; los Cilióforos, que son ciliados, con
diversos representantes que poseen estructuras especializadas que recuerdan a
la boca y al ano de los organismos superiores; los Cnidosporidios, parásitos de
invertebrados, de peces y de algunos reptiles y anfibios, y los Esporozoos, con
diversas especies parásitas de animales y también de seres humanos. Se conocen
más de veinte mil especies de protozoos, que incluyen organismos tan conocidos
como los paramecios y las amebas.
Muchas especies viven en hábitats
acuáticos como océanos, lagos, ríos y charcas. Su tamaño varía desde 2 hasta 70
micrómetros. Los protozoos se alimentan de
bacterias, productos de desecho de otros organismos, algas y otros protozoos. Muchas especies son capaces de
moverse utilizando diversos mecanismos: flagelos, estructuras propulsoras con
forma de látigo; cilios de aspecto piloso, o por medio de un movimiento
ameboide, un tipo de locomoción que implica la formación de seudópodos
(extensiones a modo de pie).
b.
ALIMENTOS y BACTERIAS
Hay varios mecanismos empleados
para proteger a los alimentos contra los microbios y otros agentes responsables
de su deterioro para permitir su futuro consumo. Los alimentos en conserva
deben mantener un aspecto, sabor y textura apetitosos así como su valor
nutritivo original. Hay muchos agentes que pueden destruir las peculiaridades
sanas de la comida fresca. Los microorganismos, como las bacterias y los
hongos, estropean los alimentos con rapidez. Las enzimas, que están presentes
en todos los alimentos frescos, son sustancias catalizadoras que favorecen la
degradación y los cambios químicos que afectan, en especial, la textura y el
sabor. El oxígeno
atmosférico puede reaccionar con componentes de los alimentos, que se pueden
volver rancios o cambiar su color natural. Igualmente dañinas resultan las
plagas de insectos y roedores, que son responsables de enormes pérdidas en las
reservas de alimentos. No hay ningún método de conservación
que ofrezca protección frente a todos los riesgos posibles durante un periodo
ilimitado de tiempo. Los alimentos enlatados almacenados en la Antártida cerca
del polo sur, por ejemplo, seguían siendo comestibles al cabo de 50 años, pero
esta conservación a largo plazo no puede producirse en el cálido clima de los
trópicos. Además del enlatado y la congelación, existen otros métodos
tradicionales de conservación como el secado, la salazón y el ahumado. La
desecación por congelación o liofilización es un método más reciente.

Entre las nuevas técnicas
experimentales se encuentran el uso de antibióticos y la exposición de los
alimentos a la radiación nuclear. La congelación conserva los alimentos
impidiendo la multiplicación de los microorganismos. Dado que el proceso no destruye a
todos los tipos de bacterias, aquellos que sobreviven se reaniman en la comida
al descongelarse y a menudo se multiplican mucho más rápido que antes de la
congelación. Para más información sobre este proceso. La congelación impide la
multiplicación de los microorganismos (bacterias y hongos microscópicos). Por
el contrario, las enzimas, cuya actividad degrada los alimentos, sí se
mantienen activas en condiciones de congelación, aunque su actividad es mucho
más lenta. Por eso las legumbres frescas suelen blanquearse o hervirse antes de
congelarlas, con el fin de inactivar estas sustancias e impedir que el sabor se
degrade. También se ha propuesto blanquear
el pescado para destruir las bacterias resistentes al frío que viven en las
escamas. Los métodos de congelación de los productos cárnicos dependen del tipo
de carne y del corte. El cerdo, por ejemplo, se congela justo después del
sacrificio, mientras que el buey se cuelga durante varios días dentro de una
cámara fría para hacerlo más tierno. Existen una serie de
características que comparten todos los microorganismos y que suponen ciertas
ventajas para su uso en la industria. la más fundamental, el pequeño tamaño de
la célula microbiana y su correspondiente alta relación de superficie a
volumen. Esto facilita el rápido transporte de nutrientes al interior de la
célula y permite, por consiguiente, una elevada tasa metabólica. Así, la tasa
de producción de proteína en las levaduras es varios órdenes de magnitud
superior que en la planta de soja, que, a su vez, es 10 veces más alta que en
el ganado.
Esta velocidad de biosíntesis
microbiana extremadamente alta permite que algunos microorganismos se
reproduzcan en tan solo 20 minutos (Escherichia coli). Los ambientes
capaces de albergar vida microbiana son muy variados. Se han encontrado
especies que viven a temperaturas comprendidas entre el punto de congelación
del agua y el punto de ebullición, en agua salada y dulce, en presencia y en
ausencia de aire. Algunos han desarrollado ciclos
de vida que incluyen una fase de latencia en respuesta a la falta de
nutrientes: en forma de esporas permanecen inactivos durante años hasta que el
medio ambiente, más favorable, permita el desarrollo de las células. Los
microorganismos se hallan capacitados para acometer una extensa gama de
reacciones metabólicas y adaptarse así a muchas fuentes de nutrición.
Versatilidad que hace posible el que las fermentaciones industriales se basen
en nutrientes baratos. Un microorganismo de uso industrial debe producir la
sustancia de interés; debe estar disponible en cultivo puro; debe ser
genéticamente estable y debe crecer en cultivos a gran escala. Otra característica importante es
que el microorganismo industrial crezca rápidamente y produzca el producto
deseado en un corto período de tiempo. El microorganismo debe también crecer en
un relativamente barato medio de cultivo disponible en grandes cantidades.
Además, un microorganismo industrial no debe ser patógeno para el hombre o para
los animales o plantas.
Otro requisito importante es la
facilidad de separar las células microbianas del medio de cultivo; la
centrifugación es dificultosa o cara a gran escala. Los microorganismos
industriales más favorables para esto son aquellos de mayor tamaño celular
(hongos filamentosos, levaduras y bacterias filamentosas) ya que estas células
sedimentan más fácilmente que las bacterias unicelulares e incluso son más
fáciles de filtrar. Los
microorganismos que sintetizan productos útiles para el hombre representan,
como máximo, unos pocos centenares de especies de entre las más de 100.000
descriptas en la Naturaleza. Los pocos que se han encontrado con utilidad
industrial son apreciados por elaborar alguna sustancia que no se puede obtener
de manera fácil o barata por otros métodos.
Las levaduras se vienen
utilizando desde hace miles de años para la fabricación de pan y bebidas
alcohólicas. La levadura que sin duda fue la primera y aún hoy en día sigue
siendo la más utilizada por el hombre es Saccharomyces cerevisiae de la
que se emplean diferentes cepas para la fabricación de cerveza, vino, sake, pan
y alcoholes industriales.
Kluyveromyces
fragilis
es una especie fermentadora de la lactosa que se explota en pequeña escala para
la producción de alcohol a partir del suero de la leche.
Yarrowia
lipolytica
es una fuente industrial de ácido cítrico. Trichosporum cutaneum
desempeña un importante papel en los sistemas de digestión aeróbica de aguas
residuales debido a su enorme
capacidad de oxidación de
compuestos orgánicos, incluidos algunos que son tóxicos para otras levaduras y
hongos, como los derivados fenólicos.
Los hongos tienen una gran
importancia económica, no tan sólo por su utilidad, sino también por el daño
que pueden causar. Los hongos son responsables de la degradación de gran parte
de la materia orgánica de la Tierra, una actividad enormemente beneficiosa ya
que permite el reciclaje de la materia viva. Por otro lado, los hongos causan
gran cantidad de enfermedades en plantas y animales y pueden destruir alimentos
y materiales de los que depende el hombre. Los efectos perjudiciales de los
hongos están contrarrestados por su utilización industrial. Los hongos son la
base de muchas fermentaciones como la combinación de soja, habichuelas, arroz y
cebada que dan lugar a los alimentos orientales miso, shoyu y tempeh. Los
hongos son también la fuente de muchos enzimas comerciales (amilasas,
proteasas, pectinasas), ácidos orgánicos (cítrico, láctico), antibióticos
(penicilina), quesos especiales (Camembert, Roquefort) y, evidentemente, de las
setas.
En contra de la idea de que todos
los microorganismos son dañinos, los yogures y los quesos son ejemplos de
alimentos a los que se añaden éstos para, por ejemplo, agriar la leche y
producir yogur, u obtener la cubierta blanca característica del queso Brie o el
color azul del queso Roquefort. De un tamaño más o menos similar es el sector
de frutas y verduras, en el que los productos pueden no haber sufrido ninguna
alteración o estar enlatados, congelados, refrigerados o fritos. Actualmente, existen muchos otros
productos químicos que se obtienen por fermentación (un término técnicamente
restringido a los procesos que ocurren en ausencia de aire, como la producción
de alcohol por levaduras, aunque este término a menudo se utiliza de forma más
amplia). Estos productos incluyen el ácido oxálico utilizado en tintes y
colorantes, el ácido propenoico (ácido acrílico) utilizado como intermediario
en la producción de plásticos, o el ácido láctico empleado para acidificar alimentos
y como anticongelante.
Los microorganismos se han usado,
así mismo, en la obtención de diferentes enzimas utilizadas para aplicaciones
tan diversas, como la eliminación de manchas en los tejidos (gracias a la
incorporación de enzimas en los detergentes que atacan proteínas y ácidos
grasos), o la conversión de harina de maíz en sirope (utilizado para endulzar
refrescos, galletas y pasteles).
Hola Santiago. Muy interesante y útil tus publicaciones del blog. Yo estoy dictando talleres de alimentación gratuitos en algunas comunidades y me sería práctico utilizar esta información en formato de texto. Es posible bajarlo en pdf desde algun lado, obviamente citando la fuente. Gracias
ResponderBorrarHOLA ADRIANA, TE AGRADEZCO TUS INMERECIDOS ELOGIOS. LAMENTABLEMENTE EL FORMATO ES MUY GRANDE PARA BAJARLO, ES POR ESO QUE LO IRE PUBLICANDO EN EL BLOG. NO OBSTANTE PUEDES IR TOMANDO LA INFORMACIÓN Y ARMANDO DE A POCO TUS CLASES. PARA MI SERIA UN HONOR CONTRIBUIR A LAS MISMAS. SUERTE Y TE FELICITO.
ResponderBorrarmuy interesante el blog. yo tambien estoy interesado en obtener en formato de texto ya sea en pdf u otro formato. soy estudiante de ing, de Alimento en la ciudad de pisco- Peru
ResponderBorrarle dejo mi correo elecronico para que me pueda facilitar el archivo le agradeceré mucho: kevin_thersmus10@hotmail.com
ResponderBorrarHOLA KEVIN, MUY AGRADECIDO POR TU COMENTARIO. TE RESPONDO LO MISMO QUE A ADRIANA. LAMENTABLEMENTE LA BASE ESTA CONFORMADA POR UNO DE MIS LIBROS, AL CUAL VOY REACTUALIZANDO CON DATOS EN LOS CAMPOS QUE CONSIDERO NECESARIOS. LAMENTABLEMENTE TENDREMOS QUE ESPERAR QUE SE RENUEVE EL MATERIAL SEMANALMENTE PARA PODER DESCARGARLO. OJALA LES SIRVA Y PUEDAN COMPARTIRLO, SALUDOS CORDIALES.
ResponderBorrarDr BAGGINI, me podria dar el nombre de sus LIBROS. Me interesa sobremanera , contar con ellos. Es excepcional todo lo que generosamente nos va brindando de sus conocimientos, hasta el dia de la fecha.
ResponderBorrarGRACIAS REBECA PERO LOS MISMOS, AUN SON INCUNABLES. PUEDE DESCARGAR CADA UNO DE LOS BLOGS E IMPRIMIRLOS. UN GUSTO POR SUS ELOGIOSOS COMENTARIOS.
ResponderBorrarUn batido verde perfecto para la lactancia materna https://isopatent.com/un-batido-verde-perfecto-para-la-lactancia-materna/
ResponderBorrar