Guía Práctica del laboratorio microbiológico en agua y alimentos (Parte XI)
"Lo poco que hoy soy, lo soy en razón de todo lo que he aprendido"
(El Autor)
GUÍA PRACTICA del LABORATORIO MICROBIOLOGICO
en AGUA y ALIMENTOS (Parte XI)

b. ALTERACIONES
EN PRODUCTOS LÁCTEOS
Incluso
cuando se obtiene en condiciones de asepsia, la leche contiene siempre
microorganismos que proceden de los conductos galactóforos de la ubre de la
vaca. Su número varía de cuarto a cuarto y de vaca a vaca, pero aproximadamente
oscila entre 102 y 103 microorganismos por
ml. En la práctica, la leche recién obtenida contiene unos 5 – 103 a
5 – 104 microorganismos por ml, constituidos por contaminantes
procedentes del entorno de la ubre, del equipo de ordeño y de los
manipuladores. Son muy variados los microorganismos que puede haber, entre
ellos, Pseudomonas, Acinetobacter/Moraxella, Flavobacterium, Micrococcus,
Streptococcus, Lactobacillus y coliformes. Además debe señalarse que las ubres
infectadas (mastitis) introducen en la leche bacterias potencialmente
patógenas. Dado que la leche es un medio de crecimiento ideal para las
bacterias, debe enfriarse tan rápidamente como sea posible. La introducción en
las granjas, en los últimos 25 años, de tanques de refrigeración para toda la
leche producida, junto con su recolección en cisternas refrigeradas ha influido
mucho en la calidad bacteriológica de los aportes de leche cruda.
La principal
consecuencia de este cambio ha sido la disminución de la cantidad de leche
alterada por acidificación. La acidificación o cortado de la leche a las
temperaturas corrientes se debe a las bacterias lácticas que crecen
preferentemente a temperaturas mayores de 10 ºC. Estas bacterias originan ácido
láctico, a partir del azúcar de la leche (lactosa), que da lugar a un sabor
ácido y más tarde a la coagulación de la leche. La mayoría de las bacterias
lácticas se destruyen por pasterización, pero unas pocas son termodúricas (por
ej., Streptococcus thermophilus) y pueden causar problemas después de la
pasterización. Al enfriar y refrigerar rápidamente la leche los problemas
son algo distintos. En la actualidad son
los psicrótrofos, sobre todo pseudomonas, los
principales responsables de los problemas alterativos. Las bacterias
psicrótrofas, que proceden originalmente del suelo y agua,
se aíslan frecuentemente del equipo de ordeño de la granja, de
las conducciones y de las cisternas de transporte. La refrigeración deficiente
o el retraso en el enfriamiento de la leche aumenta mucho la proporción de
psicrótrofos, pero su crecimiento continúa, aunque más lentamente, a las
temperaturas de almacenamiento recomendadas para la leche cruda (3 – 7 ºC). Los
recuentos de bacterias psicrótrofas en los tanques de almacenamiento varían de
104 a 106 por dm2, dependiendo de la
intensidad y tipo de contaminación y de las condiciones de almacenamiento. Una
gran proporción de estos psicrótrofos produce proteasas y lipasas y muchos de
estos enzimas no son afectados por la pasterización; de hecho para inactivarlos
se necesitan temperaturas de 150 ºC durante 10 segundos. Entre los defectos
debidos a las proteasas se incluye el amargor, siendo el enranciamiento el
principal efecto deteriorante de las lipasas.
El proceso de esterilización
implica el calentamiento de la leche a una temperatura lo suficientemente alta
como para destruir todas las bacterias patógenas, como Mycobacterium
tuberculosis, Salmonella sp. y Brucella sp. al mismo tiempo se destruye la gran
mayoría de otras bacterias, incluidas las alterantes por lo que aumenta la
capacidad de conservación de la leche. La mayoría de la leche producida en el
los principales países productores y exportadores, se pasteuriza por
el método de temperatura alta / tiempo corto (HTST) en el que la leche se
mantiene a 72 ºC por lo menos 15 segundos y a continuación se enfría
rápidamente a menos de 10 ºC; el método antiguo de temperatura baja / tiempo
largo (LTLT) (63 ºC durante 30 minutos) todavía se utiliza ocasionalmente, pero
a escala muy pequeña. Las bacterias que resisten la pasteurización,
debido a su termorresistencia innata, reciben el nombre de «termodúricas».
Están constituidas fundamentalmente por unas pocas especies de Streptococcus
(por ej., S. thermophilus), Micrococcus (por ej., M. luteus) y Corynebacterium
(por ej., C. lacticum), junto con las esporas de ciertos Bacillus sp. sobre
todo B. cereus. Estas bacterias se aíslan fácilmente del equipo lactológico y
tuberías limpiados deficientemente, si bien su número en los tanques de
almacenamiento es generalmente pequeño. La alteración de la
leche pasteurizada mantenida a temperatura ambiente se debe principalmente a
las bacterias termodúricas, siendo corrientemente B. cereus el organismo
predominante en el momento de la alteración. Esta bacteria produce el defecto
conocido como «nata amarga» y es el responsable del cortado «dulce» de la leche
pasteurizada (esto es, de la coagulación por renina sin formación de cuajada
ácida).
Las
bacterias psicrotrofas, tan importantes en la leche cruda, se destruyen
fácilmente por pasteurización, pero sus enzimas no se afectan (véase más
adelante). Sin embargo, los psicrótrofos pueden constituir una causa importante
de alteración de la leche pasteurizada, si después de aplicado este tratamiento
tiene lugar la contaminación. Tal contaminación puede ser mínima, pero en
condiciones de limpieza deficiente del utillaje es muy llamativa. Esta
contaminación debe evitarse a toda costa, dado que la leche pasteurizada se
almacena corrientemente a unos 7 ºC, temperatura a la que los psicrótrofos se
desarrolla bien. La leche pasteurizada con una contaminación mínima, después de
tratada, tiene una vida de almacén a 7 ºC de, al menos, 7 – 10 días. La leche tratada a
temperatura ultra alta (UHT) es una leche homogeneizada, sometida a una temperatura,
no menor de 132 ºC durante, al menos, 1 segundo, proceso que convierte a la
leche en prácticamente estéril. La manera en que originalmente se esterilizaba
la leche consistía en mantenerla a unos l00 ºC durante 30 minutos en botellas
herméticamente cerradas; esta leche se caracterizaba por presentar un sabor «a
cocida» y una textura muy cremosa que, junto con su aspecto más obscuro, la
convertía en un producto poco atractivo. La leche UHT carece de estas
características y por lo tanto ha superado a la leche tradicional, esterilizada
en las botellas.
La leche UHT se envasa asépticamente en recipientes especiales
de cartón (por ej., Tetrapak) que después se cierran con calor. Esta leche
tiene el aspecto, el aroma y la calidad nutritiva de la pasterizada y permanece
en condiciones aceptables varios meses, sin necesidad de refrigeración. La alteración de la
leche UHT tiene lugar ocasionalmente debido al crecimiento de bacterias
esporuladas, principalmente Bacillus stearothermophilus y B. subtilis, cuyas
esporas o sobrevivieron al tratamiento o contaminaron a la leche procesada
(Murray y Stewart, 1978). Es más corriente la alteración a consecuencia de la
actividad continuada de proteasas y lipasas termoestables producidas por las
bacterias psicrótrofas en la leche cruda. La gelación de la leche UHT, que
también puede originarse por un proceso químico, es igualmente
producido por las proteasas.
Entre los derivados lácteos, la manteca o mantequilla,
comparativamente con otros, es un producto microbiológicamente estable ya que
contiene poca humedad (15 %) y mucha grasa (80 %). El agua se presenta en forma
de una fina emulsión en la fase grasa y las condiciones físicas de las gotitas
de agua posiblemente ejercen un efecto inhibidor en el crecimiento microbiano.
Además muchas mantequillas se salan hasta concentraciones que varían del 3 al
13 % de NaCl, lo que ayuda a su conservación. La fuente principal
de microorganismos de la mantequilla es la crema con la que se elabora; en el
caso de la mantequilla «dulce» se somete a pasterización. El batido de la crema
para obtener mantequilla aumenta el número de microorganismos que se concentran
en la mazada, pero al terminar el procesado su número es pequeño en la
mantequilla y en las muy saladas acaece una disminución mayor durante
el almacenamiento. Algunas mantequillas «dulces» se elaboran con un
cultivo iniciador. Este cultivo, formado por bacterias conocidas, se inocula en
la leche o crema para facilitar su acidificación en condiciones controladas,
con lo que se alcanzan.en la mantequilla las características prefijadas y
deseadas; en las mantequillas «dulces», la crema, una vez inoculada, se
mantiene a temperaturas bajas para evitar que aumente la acidez antes del
batido. Las
mantequillas «ácidas» corrientemente se fabrican con crema pasterizada,
inoculada con microorganismos iniciadores (Streptococcus lactis y S. cremoris
generalmente); la crema se inocula a temperatura ambiente hasta que se alcanza
un pH bajo (4,5-5). A continuación se bate, pero no se sala, ya queja sal y el
ácido reaccionan dando aromas desagradables. Para producir ácido se necesitan
recuentos bacterianos altos (107 a 108 por
gramo). Como alternativa se permite la acidificación natural de la crema que se
pasteriza después, antes del batido. Por lo tanto el contenido microbiano
de las mantequillas recientes varia mucho, dependiendo del proceso de
elaboración seguido; las «dulces» contienen muchos menos microorganismos que
las «ácidas». La alteración de la mantequilla puede tener origen microbiano,
enzimático o químico; muchos de los aromas perjudiciales proceden de la crema,
pero este tipo de deterioro no se estudiará aquí. La alteración microbiana se
debe principalmente a las bacterias psicrótrofas ya que la mantequilla se
almacena corrientemente en refrigeración.
Las pseudomonadales y otros bacilos Gram
negativos afines, que llegan al producto después de pasterizado, son
corrientemente responsables de la rancidez producida por la hidrólisis de la
grasa de la mantequilla, con liberación de ácidos grasos. La actividad
proteolítica de Alteromonas putrefaciens, al desarrollarse en la superficie de
la mantequilla da lugar a la aparición de olores pútridos y de pigmentaciones
superficiales. Los mohos también pueden crecer superficialmente originando
coloraciones, generalmente están implicados miembros de los géneros Alternaria,
Cladosporium, Aspergillus, Penicillium, Mucor y Rhizopus. Las lipasas de la
crema pueden inducir rancidez y entre las reacciones químicas se incluye la
oxidación de las grasas insaturadas. Quesos: Existen unas 400 variedades
conocidas de quesos que se agrupan en unas 20 clases. La mayoría de ellas se
elaboran con la misma leche variando los microorganismos, enzimas y sal
adicionados y cambiando la temperatura durante la elaboración y maduración
Los quesos se clasifican por su textura y por su grado de dureza,
admitiéndose dos grandes grupos: el primero, quesos madurados, varía desde los
quesos muy duros, con poca humedad, quesos para rallar (por ej., parmesano),
pasando por los duros (por ej., Cheddar), a los semiblandos, con mayor humedad
(por ej., Stilton) y blandos (por ej., Camembert). El segundo grupo lo
constituyen los quesos blandos, sin madurar, con un gran contenido de humedad
(por ej., cottage).
La
mayoría de los quesos se fabrican utilizando el mismo proceso básico.
Actualmente se emplea generalmente leche pasterizada, pero la maduración acaece
más lentamente y debido a que la flora natural ha sido en gran parte destruida,
deben adicionarse a la leche cultivos bacterianos iniciadores. En el caso del
queso Cheddar los cultivos iniciadores consisten en mezclas de diversas
estirpes de Streptococcus lactis o en una mezcla de S. lactis y S. cremoris.
Estas bacterias convierten la lactosa en ácido láctico, dando lugar a la
primera fase de la elaboración de queso, esto es, a la acidificación o
«maduración» de la leche. Cuando la leche ha alcanzado la acidez requerida, se
le adiciona la renina que ayuda a la formación de la cuajada. Las últimas fases
del proceso consisten en tratar la cuajada que, después de salada y prensada,
se deja madurar; en el queso Cheddar la maduración dura unos 4 meses. El número máximo de microorganismos
del cultivo iniciador, alcanzado durante la maduración del queso, corresponde a
por gramo, pero después de unas 48 horas disminuyen los estreptococos. Son
sustituidos por los lactobacilos que, en los quesos madurados, representan el
99 % de la población. Durante la maduración, los lactobacilos descomponen
lentamente la proteína, lo que ayuda a la aromatización del queso; para
aumentar el aroma a menudo se adicionan deliberadamente lactobacilos (por ej.,
L. acidophilus). Al estudiar la alteración de los quesos debe hacerse
hincapié en que los más duros, con menor contenido de humedad tienen una vida
de almacén más larga que los que son blandos. La alteración
microbiológica del queso Cheddar madurado se debe principalmente al crecimiento
de mohos en la superficie que originan pigmentaciones, si bien penetran poco en
el queso.
Son
muchos los mohos y levaduras implicados en este tipo de alteración, como
Penicillium (da coloración verde), Cladosporium (verde a negra) y Candida
(negra). Sin embargo, los quesos más duros poseen una capa
de cubrición de cera o presentan corteza, lo que minimiza
el problema. En los últimos años se han hecho populares los quesos
envasados a vacío en películas, tipo de envasado que evita el
desarrollo fúngico al excluirse el aire. La alteración bacteriana de los
quesos es más corriente durante su elaboración y maduración. Si el pH es
demasiado alto, las pseudomonas, que son contaminantes siempre presentes,
aunque en pequeño número, crecen rápidamente y originan viscosidad. El queso
«gaseado» es un problema bastante corriente, debido a coliformes como Enterobacter
sp., que fermentan la lactosa con producción de dióxido de carbono; algunos
clostridios también dan lugar a este defecto. Se puede controlar añadiendo al
queso nisina, un antibiótico producido por ciertas cepas de Streptococcus
lactis. Este antibiótico es especialmente activo frente a clostridios de los
quesos que poseen un pH alto. En los quesos pueden presentarse diversos defectos del
sabor, siendo los más importantes el amargor y la rancidez; muchos de estos
defectos se deben a microorganismos. Durante la elaboración no suelen surgir
problemas si se utilizan buenos cultivos iniciadores y se mantiene un alto
nivel higiénico.
El
yogur es un producto lácteo fermentado elaborado por adición de un cultivo
iniciador mixto (Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus) a la
leche que se ha tratado térmicamente para destruir su flora autóctona. Como en
el queso, durante la incubación a unos 45 ºC, se produce ácido láctico, lo que
hace bajar el pH a 4,0; a sus características aromáticas contribuyen cantidades
vestigiales de otros productos, como diacetilo y acetaldehído. Después de la
incubación el yogur se enfría rápidamente a 4 ºC para evitar que continúe
produciéndose ácido; su almacenamiento a baja temperatura y la acidez del
producto aseguran su conservación frente a la alteración por bacterias
proteolíticas y otras que no toleran la acidez. Los microorganismos iniciadores
continúan creciendo a la temperatura de almacenamiento muy lentamente, lo que
limita su vida útil de almacén a unas 4 semanas, pasadas las
cuales el exceso de ácido producido altera su aroma.
c. ALTERACIONES
EN HUEVOS Y EN OVOPRODUCTOS
Se
admite generalmente que el huevo de gallina es estéril en el momento de la
puesta, salvo que se haya infectado congénitamente, normalmente por salmonelas.
La contaminación del huevo acaece después de la puesta y el acceso más
corriente de los microorganismos al interior de aquél tiene lugar a través de
grietas de la cáscara. La cáscara, que está cubierta por una membrana que
repele el agua, actúa como una barrera mecánica, si está intacta; otra forma
distinta de penetración de los microorganismos es a través de los poros que
atraviesan la cáscara. Los poros están obturados, pero en los más grandes
los «tapones» obturantes pueden faltar o cerrar deficientemente. La
penetración se facilita por la humedad incorporada a los poros por efectos
capilares. Debajo de la cáscara hay dos membranas que dificultan más la
invasión bacteriana durante un tiempo limitado, pero que probablemente no constituyen
barrera a las hifas infiltrativas de los mohos. La clara de los huevos
contiene una serie de agentes antimicrobianos que limitan o inhiben por
completo el crecimiento de los microorganismos invasores con tal que los
niveles de contaminación sean bajos. La lisozima es muy eficaz frente a
bacterias Gram positivas cuyas paredes celulares lisa, mientras que la
conalbúmina, que es activa lo mismo frente a bacterias Gram positivas que Gram
negativas, actúa como agente quelante, ligando el hierro que es esencial para
el crecimiento.
Sin embargo, la yema es una buena fuente de nutrientes y
no contiene agentes inhibidores; por lo tanto cuando está implicada la yema,
los microorganismos invasores crecen rápidamente. Esto puede ocurrir a los 10
días de puesto el huevo, cuando la yema contacta con la porción de aquél que
ocupa la posición más alta. Si la penetración del huevo ha tenido lugar en la
zona de la membrana testácea que contacta con la yema, los mecanismos de
defensa del huevo sufren un «corto-circuito» por lo que cabe esperar que las
bacterias invasoras se desarrollen rápidamente. La alteración de los huevos se
debe fundamentalmente a las bacterias Gram negativas que producen manchas
características. Aunque el contenido interno de los huevos frescos es
generalmente estéril, los ovoproductos elaborados comercialmente (líquidos,
congelados o desecados) suelen estar muy contaminados con bacterias.
Especialmente en el caso de los huevos líquidos enteros se ha visto que
frecuentemente están contaminados con salmonelas que resisten las temperaturas,
relativamente bajas, utilizadas corrientemente por la industria panadera. En
Argentina (SENASA) se promulgaron normas sobre tratamiento térmico y desde
entonces todos los huevos líquidos enteros que vayan a distribuirse refrigerados,
para su conservación por congelación o por desecación-atomización, deben
pasterizarse a 64,4 ºC durante 2 minutos y medio y a continuación enfriarse
inmediatamente. Las salmonelas más termorresistentes se destruyen con este
tratamiento sin que se alteren las características de los huevos que se buscan
en la industria panadera. De otra parte los huevos líquidos enteros,
sometidos a pasterización y mantenidos en refrigeración permanecen en buenas
condiciones, 6 días al menos, sin aumentos significativos de sus recuentos
bacterianos, si bien debe evitarse la contaminación post-pasterización que se
debe principalmente a coliformes.
Las claras se pasterizan de forma
convencional, aunque todavía no sean obligatorias las normas que controlan su tratamiento
térmico. La clara refrigerada, sin tratar por el calor, la alteran generalmente
las pseudomonas y otros bacilos Gram negativos parecidos, mientras que en la
pasterizada predominan, como agentes alterantes, los estreptococos fecales y
los lactobacilos. Para destruir las salmonelas de las yemas líquidas se
necesitan tratamientos térmicos más intensos, pero tampoco están en vigor las
reglamentaciones o normas correspondientes.
d. ALTERACIONES
EN VEGETALES (Verduras y Frutas)
Las
verduras y frutas tan pronto como se recolectan experimentan cambios
fisiológicos, algunos de los cuales determinan pérdidas de calidad. La
actividad respiratoria implicada en la degradación de carbohidratos por los
enzimas vegetales continúa y los cambios inducidos, sean ventajosos o
perjudiciales, se ven muy influenciados por la madurez del vegetal en el
momento de la recolección; por lo tanto los productos vegetales
corrientemente pueden almacenarse bastante tiempo con pequeños cambios de
calidad, si se recolectaron en el momento oportuno. Muchas frutas
carnosas, como el plátano, se cosechan antes de su maduración que continúa
después, pero las frutas cítricas sólo maduran satisfactoriamente en el
árbol. El bajo pH (<4,5) de la mayoría de las frutas significa que su
alteración se deberá fundamentalmente a los hongos. De otra parte el intervalo
de pH de la mayoría de las hortalizas varía entre 5 y 7 por lo que su
alteración podrán realizarla tanto mohos como bacterias, si bien los primeros
constituyen el grupo principal.
De acuerdo con sus características alterativas
los hongos se clasifican, de forma un tanto arbitraria, en dos grupos: los
patógenos vegetales que atacan al vegetal antes de su recolección y los
saprófitos que lo hacen después de la recolección. Una caracterítica importante
de la mayoría de los microorganismos alterantes, tanto fúngicos como
bacterianos, es su capacidad de secreción de enzimas pectolíticos que ablandan
y desintegran los tejidos vegetales. Por lo tanto, el crecimiento de mohos
en frutas y verduras generalmente causa una grave desintegración tisular
originando zonas blandas mohosas; este tipo de alteración se conoce como
«podredumbre». Los nombres que reciben las distintas podredumbres se basan en
el aspecto del alimento alterado. Un agente importante de alteración es
Penicillium, muchas de cuyas especies atacan a las frutas; posiblemente hasta
el 30 % de todas las frutas alteradas se deben a este género. También son
sensibles muchas verduras carnosas, como tomates y pepinos, así como patatas y
remolachas. Otra importante alteración es la podredumbre blanda por Rhizopus
que afecta a muchas frutas y hortalizas, especialmente durante el transporte en
condiciones deficientes de refrigeración. Las fresas y patatas, una vez recolectadas,
son atacadas a menudo y su alteración se presenta en forma de áreas blandas y
mohosas con un micelio grisáceo que se aprecia fácilmente. Aunque las
bacterias tienen una importancia limitada en la alteración de las frutas, en
torno al 35 % de las pérdidas por alteración microbiana de los productos
vegetales tienen este origen. Las bacterias responsables son principalmente
miembros de los géneros Erwinia y Pseudomonas. Las formas más corrientes de
alteración son las podredumbres blandas bacterianas que afectan a la mayoría de
las hortalizas; la podredumbre blanda bacteriana también da lugar a infecciones
antes de la recolección. Ciertas erwinias y pseudomonas, son importantes
agentes patógenos de los vegetales, en los que producen enfermedades como royas,
marchitamientos, úlceras y manchas en las hojas.
Las bacterias causantes de
podredumbre blanda, de las que Erwinia carotovora es la más importante, se
encuentran en las plantas en el momento de su recolección y generalmente
penetran en ellas a través de lesiones tisulares. El crecimiento de estos
microorganismos es tan rápido que los mohos no pueden competir por lo que
generalmente no se aíslan de los vegetales que padecen podredumbre blanda
bacteriana. Las bacterias causantes de ablandamiento forman muy pronto
enzimas pectolíticos que en pocos días originan una gran degradación tisular.
En el caso de las patatas todo el tubérculo puede convertirse en una masa
blanda; en los tomates la piel puede permanecer intacta, mientras todo el resto
se convierte en un líquido turbio y las verduras foliares se transforman en
masas semilíquidas. Muchos microorganismos llegan a contaminar los
productos vegetales durante su recolección y manipulación posterior. Por lo
tanto conviene emplear un utillaje tan limpio como sea posible y minimizar las
lesiones mecánicas de los productos vegetales; muchos de los microorganismos
del exterior de frutas y verduras pueden eliminarse lavándolas con agua, si
bien esta operación puede acortar su vida de almacén si no se
escurren convenientemente. Es imprescindible un buen almacenamiento para
reducir al mínimo el deterioro fisiológico y microbiológico. Corrientemente el
almacenamiento se lleva a cabo en condiciones de frío (0 – 5 ºC), pero ciertos
productos, como patatas y pepinos, se conservan mejor a 7 – 10 ºC.

La
humedad relativa óptima oscila entre 85 – 95 % y la vida de almacén puede
mejorarse, por ejemplo, en manzanas y peras, por almacenamiento en atmósfera
controlada (disminuyendo la concentración de oxígeno y aumentando la
de dióxido de carbono). Las envolturas de plástico cerradas favorecen
la presencia de alta humedad en su interior, lo que da por resultado un
mayor deterioro microbiano.Las envolturas de plástico, con perforaciones,
evitan en gran parte este problema, pero la humedad puede ser mayor que en los
productos sin envolver. Pueden emplearse diversos productos químicos como
tratamiento pre o post-recolección. En el último caso, como medidas corrientes
de control se emplean baños o aspersiones con fungicidas/bactericidas a base de
bórax (tetraborato sódico), ácido sórbico, fenilfenatos, difenilo y yodóforos
así como fumigaciones con polvos que contienen azufre o SO2.
e. ALTERACIONES
EN CEREALES
La
flora microbiana de los granos de cereales recién recolectados, como maíz,
trigo y avena, pueden llegar a muchos millones de bacterias y mohos por
gramo. Sin embargo, la baja aw de los cereales inhibe eficazmente el
crecimiento de todos los microorganismos siempre que las condiciones de almacenamiento
sean las adecuadas, sin embargo, en condiciones de humedad es de esperar el
crecimiento fúngico. Algunas fases implicadas en la fabricación de harina
reducen la carga microbiana, siendo el blanqueado el más eficaz a este
respecto. En las harinas convenientemente almacenadas los recuentos fúngicos
permanecen constantes, unos pocos millares por gramo, siendo las especies más
corrientemente aisladas las de los géneros Penicillium, Aspergillus y Rhizopus.
Las bacterias disminuyen en número durante el almacenamiento, siendo corrientes
los recuentos menores de 1.000 por gramo; Bacillus sp. es el grupo dominante.
Cuando la humedad supera los límites normales es posible el desarrollo fúngico
y silos niveles de aw son todavía mayores ocurrirá el crecimiento de
Bacillus sp.
El pan producido comercialmente tiene una humedad lo
suficientemente baja como para inhibir el crecimiento de la mayoría de los
microorganismos, exceptuados los mohos que son los principales agentes
alterantes; de hecho se ha señalado que los mohos son los responsables del 1 %
de las pérdidas anuales de la producción de pan. Entre los más corrientes
figuran Rhizopus nigricans, el «moho del pan» que origina puntos negros
característicos constituidos por esporangios, Penicillium y Aspergillus sp. que
producen abundantes conidios verdes y Neurospora sitophila, el «moho rojo» del
pan. La alteración fúngica la favorecen el cortado en rebanadas del pan, su
envasado estando demasiado caliente y el almacenamiento en un ambiente cálido y
húmedo. La filamentosidad del pan, producida por Bacillus sp., raramente
se ve ahora en el pan producido industrialmente. Se caracteriza inicialmente
por manchas marrones que se acompañan de un olor desagradable y más tarde se
produce desintegración de la miga y de las rebanadas; la alteración se debe a
la hidrólisis de la proteína de la harina y del almidón que dan lugar a un pan
pegajoso y filamentoso. Como mejor se controla es mediante el
almacenamiento a baja temperatura, con adición de conservadores (por ej.,
propionato de calcio o ácido sórbico) y empleando una harina de buena calidad.
Los
mohos son los responsables de la mayoría de los problemas alterativos de los
productos de bollería, si bien la situación se complica por la gran variedad de
ingredientes que puede incorporárseles, algunos de los cuales, como nata y
crema de imitación, natillas y chocolates han estado implicados en brotes de
toxiinfecciones alimentarias. Generalmente el crecimiento de mohos, también se
controla, como en el pan, con temperaturas de almacenamiento bajas y niveles de
aw bajos, junto con el empleo de conservadores.
"SOMOS LO QUE HACEMOS REPETIDAMENTE. EXCELENCIA, POR LO TANTO, NO ES UN ACTO SINO UN HÁBITO"
ARISTOTELES
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La posición moral de Columbano para el matrimonio lo llevó primero a su encarcelamiento, del cual escapó. https://isopatent.com/biografia-y-obra-de-san-columbano/
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